lunes, 7 de julio de 2014

Florencio, Angelines y Antonio. Una familia de Agricultores

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ha declarado el año 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar. Desde ASAJA (Asociación agraria de jóvenes agricultores) han decidido apoyar el modelo de explotación familiar, en el que principalmente se fundamenta la agricultura en la Comunidad de Castilla y León.
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Con la intención de apoyar la agricultura familiar, la que se transmite de padres a hijos, han puesto en marcha una actividad por la que cada mes entrevistan a una familia de la Comunidad para que de a conocer cómo es su día a día y su trabajo. Y este pasado mes de junio la familia escogida ha sido la que forman nuestros vecinos Florencio, Angelines y Antonio.
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La Familia Caballero Clérigo, agricultores de Castromocho, Palencia. Son los escogidos tras el paso de familias de Segovia, Soria, Valladolid o Salamanca y han sido entrevistado por Teresa Sanz Nieto, que destaca de la entrevista que 'La agricultura antes era un trabajo más físico y ahora más técnico'.
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En la entrevista realizada a nuestros vecinos, que puede localizarse en la web y también en la página de Facebook de ASAJA se hace un retrato bonito de nuestro querido Castromocho, en el que Angelines y Florencio, acompañados por su hijo Antonio continúan con la tradición familiar, de Padres a Hijos.
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Al suroeste de Pa­lencia está Castro­mocho, un pueblo pequeño y bien cuidado, a pocos kilómetros de la capital. Allí nacieron y si­guen viviendo Angelines y Florencio. Cuando eran niños, en los años cin­cuenta, en el pueblo había casi mil vecinos, fundición y dos fábricas de harina; hoy quedan unos doscien­tos, y la agricultura es el motor económico princi­pal de la zona. 
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El matrimonio, ade­más de tres hijos, com­parten un amor profundo por el campo. A Florencio (63 años) le mandaron de niño a estudiar fuera, y de jovencito a Barcelona, a trabajar en una tienda. “Pero a mí me gustaba la agricultura, y me gusta­ba ya mi mujer, y en cuan­to pude me saqué el carné y me puse con el tractor”, comenta. Empezaron con lo puesto y un par de tie­rras arrendadas, con cho­tos y ovejas; luego se cen­traron en la agricultura, primero de secano (cereal, girasol), y luego de rega­dío (alfalfas, maíz, guisan­tes), cuando Castromo­cho pudo beneficiarse del agua del ramal de Campos del Canal de Castilla. En cuanto pudo, Florencio puso el primer pívot de la comarca:“algunos de­cían que estaba loco, pero yo siempre he tenido mu­cha confianza en que la agricultura tiene futuro, y la prueba es que hoy to­dos los que tienen la agri­cultura un poco curiosa tienen uno”. Y así, año a año, fueron cayendo prés­tamos, parcelas, maqui­naria, y muchos días de “levantarse muy pron­to y acostarse muy tarde, sin coger vacaciones has­ta hace cuatro años, que les tocó un viaje que sor­teaba ASAJA-Palencia a la playa y les gustó tanto que desde entonces salen una semanita todos los veranos.  
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En su caso bien vale aquello de “tanto mon­ta, monta tanto”. Am­bos son titulares, tienen sus propias explotacio­nes, y comparten al cien por cien la tarea, con to­tal compenetración. Si Florencio se va a segar el forraje y ni se acuerda de parar a comer, a Angeli­nes (62 años) no le duelen prendas de pasar la tarde del domingo con el trac­tor “eso sí, después de ha­ber ido al misa y tomado el vermú”. Y no se lanza­do a la ganadería “porque mis hijos no me siguen, porque a mí me encantan los animales y en casa de mis padres hice muchas veces queso”, explica. 

Lo único que se les re­siste de la profesión son los vericuetos de la tec­nología, GPS y demás, de los nuevos tractores. Pero para eso ya cuen­tan con la ayuda del pe­queño de sus hijos, An­tonio, que, a sus 28 años, lleva ya casi diez en la agricultura, “un trabajo que antes era más físico y ahora más técnico: en menos tiempo haces más cosas”. Considera, como para otros muchos jóve­nes, que el mayor incon­veniente son las grandes inversiones que hay que hacer, “y el retraso con el que llegan las ayudas: si no te respaldan, es im­posible afrontar los cré­ditos”. Aun así, confía en “poder vivir toda mi vida aquí: estoy contento en el campo”.
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Además de la entrevista,se ha publicado un reportaje visual en el que nuestros apreciados vecinos nos hablan de sus experiencias y de la tradición agrícola en su familia.
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